miércoles, 22 de agosto de 2007

Campañas, encuestas y debates: ¿Es el ciudadano, hoy en día, libre elector?

"En las campañas políticas los protagonistas no son los candidatos ni los ciudadanos; los verdaderos estelares son la promesa y el adjetivo; la primera como parte de la estrategia y el segundo como defecto o carencia del adversario" (Antonio Alanís Huerta, abril de 2006).

1. Preámbulo.

En este año de 2006, en México se elegirá Presidente de la República y se renovarán las Cámaras de Senadores y de Diputados. Así está establecido en nuestras leyes, códigos y normas en el marco de la democracia que estamos construyendo.

Antaño, los mexicanos sabíamos bien quién sería el siguiente Presidente de México, cuando existía un partido hegemónico y los hombres del poder ejercían un control cuasiabsoluto de la disciplina partidaria, de los méritos institucionales y de las disidencias. Pero hoy, los procesos electorales están matizados por la incertidumbre; y, paradójicamente, hoy tenemos certezas y certidumbres procedimentales contra la vaguedad de las leyes electorales de otros tiempos; por lo que puedo afirmar que a mayor incertidumbre procedimental, existe mayor certeza de ganadores y viceversa.

2. Definiciones conceptuales: campañas y encuestas

El concepto de campaña se desprende de campo, de batalla, de lucha, de combate y de debate; se trata pues de una pelea por lograr convencer (vencer) al comprador potencial de lo que queremos venderle; es, de hecho, un forcejeo de ideas y de costos con el contrincante que también desea el "sí" del supuesto comprador. Y siendo una campaña también una batalla, ésta se enfrenta con estrategia y con recursos; y hablo de estrategia porque las campañas, todas, se desarrollan en medio del conflicto; no hay remansos de paz en una campaña; por tanto, no podríamos pensar en realizar un programa, pues este requiere de estabilidad. Una campaña es incierta, por lo que el margen de certidumbre se lo puede dar la estrategia y no el programa.

El tema de las campañas es la preocupación principal de los equipos de trabajo que tienen como compromiso, meta o problema, lanzar y posicionar en el mercado, un concepto sobre un producto que se pretende apoderar del gusto del público consumidor. Así que es necesario pensar en el concepto, en la imagen y en el proceso; pero, principalmente en la configuración de la decisión del sujeto consumidor para adquirir el producto en cuestión.

También es muy importante considerar, entre los factores estratégicos de la campaña, al contexto donde se sitúa el sujeto que nos interesa; ese sujeto a quien queremos venderle nuestro producto. Y este contexto tiene ya un tiempo considerable moviéndose; configurándose y transformándose. Es un contexto donde se libran diversas batallas (campañas) en variados frentes; en suma, se trata de un contexto que es escenario de grandes competencias; es pues, un mercado competido donde existen muchas marcas, que se le ofrecen al atribulado y estelar sujeto, como las mejores en su ramo. Y ahí donde hay competencia, puede haber competitividad y entonces, podremos ser testigos de grandes batallas; de enfrentamientos, donde algunos de los contendientes salen lastimados, lamentablemente.

Ahora bien, se pueden concebir y desarrollar campañas para "casi todo" y en esta cobertura cabe el concepto de campaña política. La cual requiere de un producto a vender; de un concepto a posicionar y de una imagen a construir; y también habrá de considerar al sujeto, comprador potencial del producto que tratamos de venderle.

Ese sujeto, en la campaña política es el elector; es el ciudadano que tiene el poder de decidir; es decir, de decidir el término de la batalla; por lo tanto, este sujeto, ciudadano elector, forma parte de la estrategia. Quizás no formará parte del programa en tiempos de posguerra o de paz; pero sí es una actor, con frecuencia, involuntario, de las campañas políticas por el poder; "lo agarran en medio" de la batalla pues, lo lastiman, lo insultan, lo patean y desafortunadamente, a veces, forma parte de la estadística de "bajas".

Respecto de la encuesta, quiero señalar que se trata de una técnica de investigación científica que se aplica en la búsqueda de información sobre los procesos físicos y sociales; y también se utiliza con gran éxito comercial y político en la mercadotecnia y en los sondeos de opinión.

En el ámbito político, su utilización está regulada por el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE), así como en algunas otras leyes de competencia estatal; no obstante, también es cierto que las empresas encuestadoras realizan este tipo de investigaciones sociales, contratadas por los organismos interesados en conocer cómo son vistos por los ciudadanos en un momento dado; y así, la encuesta de opinión le ofrece al cliente la posibilidad de contar con una fotografía (foto fija) del momento y del lugar (cuando y donde) se realiza este ejercicio metodológico. Y sólo es eso; una toma muestra del estado de cosas del proceso que se está investigando.

3. Encuestas y decisiones: ética y profesionalismo

Para un ciudadano que razona su voto, su propósito no es regodearse con la victoria; no es derrochar emoción, adrenalina y entusiasmo en el festejo del triunfo; para este ciudadano, lo primero es votar con conciencia, con certeza y convicción independiente; y luego, si una elección gana su impulso elector se convierte en compromiso; en exigencia de actuación ética y profesional de los gobernantes elegidos; y exigirá rendición de cuentas en el uso y administración de los recursos públicos; pero principalmente exigirá respeto por la vida, por la libertad de expresión y por el futuro de nuestros hijos.

Pero este tipo de ciudadano, al que hago referencia, no importa tanto en una campaña política; importa el ciudadano que ofrece votar por el producto (candidato) que se le presenta; pues no hay que olvidar que las encuestas plantean escenarios condicionales y disyuntivos al elector potencial; y con base en los resultados de estas mediciones, disyuntivas y condicionales supuestas, se concluye la tendencia electiva. Entonces, las preguntas se plantean en términos de "si hoy fueran las elecciones, ¿Por qué partido y/o candidato votarías" O bien, francamente, cuando se pretende sesgar de inicio una encuesta, se plantean opciones como: "El candidato o el partido equis forma parte del grupo que ha endeudado al país, o que ha cometido los errores y abusos" etc... ¿Estarías dispuesto a seguir contribuyendo con ellos para que tu país siga en las condiciones en que se encuentra? Y, obviamente, el ciudadano dice No. Así que, la ética y la manipulación en las encuestas, están tan próximas como sea la calidad moral de la encuestadora; y si bien, no afirmo que la línea entre ética y manipulación (sesgo) en las encuestas de opinión, sea muy delgada, sí puedo decir que su cercanía guarda una relación directamente proporcional con la fortaleza científica y metodológica de los responsables de la encuestadora; y que, además, se reafirma con su trayectoria curricular profesional.

Por otra parte, con frecuencia escuchamos decir que "el que paga manda", y en algunos casos es cierto; pero este adagio no es válido para todo; es decir, si se contrata a una empresa encuestadora, se asume que en el contrato del servicio, la ética y el profesionalismo no se venden ni se negocian; en todo caso, el cliente puede optar por publicar encuestas que le favorezcan; y aquellas donde ?no gane?, decidirá no publicarlas; y ese es su derecho. Pero, mandar a hacer encuestas "para ganar a toda costa", no es ético ni profesional de parte de clientes ni de los prestadores de servicios. Pues lo que estaría en juego sería la credibilidad de ambos.

También es importante tener presente que nadie puede ser tan tonto como para publicar una encuesta, que ha mandado a hacer, y donde sale perdedor; este es un principio que en política se cumple al pie de la letra. En cambio, si sale ganador, lo hará notar por todos los medios y habrá de esperar, sin sorprenderse, que sus adversarios políticos tratarán de minimizar dichos resultados; y ese es el juego de la política basada en encuestas de opinión sobre preferencias o popularidad. Pero no hay que olvidar que los equipos de trabajo que son eficaces para montar campañas políticas exitosas, no siempre resultan efectivos para desarrollar, profesional y eficazmente, programas y funciones de gobierno.

4. Sobre el voto razonado: pensar y decidir

El voto es la expresión de la voz del que elige algo que le interesa; es al fin de cuentas su elección. En el ámbito político encontramos una gran cantidad de adjetivos que se asocian al voto; expresiones que son reconocidas por los que forman parte de las élites políticas o por los que, por su ocupación profesional o laborar, están en contacto con ellas. Veamos algunos ejemplos del voto adjetivado: voto militante (voto duro), voto razonado (del ciudadano), voto indeciso (por el que van los candidatos), voto joven (todos lo quieren estrenar), voto migrante (frecuentemente de oposición), voto del miedo (el de la opresión y la ignorancia), voto agradecido (el de los servicios y apoyos sociales) y el voto comprado (habla por sí solo). Y sin embargo, todos estos votos suman y se mezclan en las urnas; y ahí pierden color e identidades. Y sólo vuelven a tomar color y forma cuando se contabilizan y conforman la geografía electoral; o bien cuando el elegido es interpelado por el ciudadano que le reclama el valor de su voto; cumpliendo sus promesas, las de campaña (de partido) y las personales (con los sujetos). No obstante, respetando las decisiones de cada ciudadano sobre el destino que le dio a su voto, como Consejero Electoral, me interesa hablar sobre el voto razonado.

Esta mirada alterna que pretendo, quizá un poco distinta a otras sobre el concepto de campaña política, me permite desarrollar enseguida lo que yo denomino el proceso de configuración de la decisión del voto ciudadano. Y en efecto, se trata de un proceso sensible, con matices de volatilidad, que a medida en que se va configurando, la decisión toma forma y color. Y me refiero a ese voto auténtico; no al cautivo e incondicional; no, estoy haciendo referencia al voto razonado; al voto de a de veras; ese que puede cambiar el rumbo y la historia de los pueblos.

Pero ese voto pensado, razonado, pasará seguramente por procesos de incertidumbre y de indecisión; pero al final de cuentas se configurará en una sola dirección: la ranura de la urna que corresponda a la elección de que se trate y habiendo señalado al logotipo del candidato electo; o más aún, habiéndolo invalidado.

Así pues, un voto razonado no es jamás un voto predeterminado; no es un voto del montón; no es un voto duro de partido; es un voto ciudadanizado; el de un ciudadano que sabe del valor de su voto; y probablemente es un voto influenciado por la campaña política; por la encuesta de opinión y por el discurso del personaje político; y seguramente coincidirá con los votos de una candidato ganador; o probablemente no. Pero seguramente ha sido un voto que tomó forma lentamente y que probablemente se configuró como decisión sólo hasta el día de la jornada electoral, al entrar con la "crayola en la mano" para cruzar el logotipo elegido. Y seguramente, el voto de este ciudadano, el del voto pensado, no cae en la sentencia de Wiston Churchill que rezaba así: "Ahí donde muchos piensan lo mismo, alguien no está pensando"

Bajo esta sentencia lapidaria, se estaría dando por hecho que las masas, los "acarreados", los no pensantes, paradójicamente son los que suman votos; entonces, los votos razonados, bien pensados, pragmáticamente decididos, tienen un destino seguro pero la victoria incierta. Y aquí, quiero decir que el votante que razona su voto no busca necesariamente el festejo del triunfo en la calle o en la entrevista eufórica; pero no, ese ciudadano que decide, pensando bien su voto, busca únicamente que los elegidos sean honestos y coherentes; porque ha votado por principios, por personajes y promesas de equidad, de justicia y de respeto a la humanidad.

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