jueves, 23 de agosto de 2007

LA MEDIATIZACION DE LA POLÍTICA

La mediatización de la política como pospolítica

El artículo de Mauro Cerbino se ocupa de la pospolítica, entendida según se colige de su texto, como una situación de pérdida o sustitución de la forma tradicional del quehacer político por otra forma sostenida en la imagen y valoraciones ligadas al hombre de éxito, al ready made que se ha impuesto como modelo desde los años ochenta con el triunfo del capitalismo financiero con la “era reaganiana”.

El político empresario, que no solo se contenta con ser un triunfador, sino y sobre todo de parecerlo. Pospolítica que coincide en la sociedad de los medios de comunicación con el debilitamiento y eclipse de la esfera pública entendida como “espacio de negociación de intereses sociales contrapuestos”.

La pospolítica también implica la conducta electoral de entreguismo clientelar y fascinación por el marketing político del electorado que condiciona la voluntad política a un proceso identificatorio con el candidato, similar a como se identifica un consumidor a una marca o producto. Voluntarismo fascinado por la imagen de una mercancía publicitaria – el candidato – que se rinde al inmediatismo de la oferta prescindiendo de la pertinencia
de los mensajes, y la factibilidad de los planes y programas.

Hay que entablar relaciones intersubjetivas, institucionales y políticas con los medios y sus productos. Abrir espacios para la palabra propia en los espacios mediales significa afrontar la responsabilidad de que vivimos un mundo complejo e interconectado telemáticamente, multiperspectivista y heterogéneo.


Cerbino critica – no sin cierto talante nostálgico – la pérdida o debilitamiento del modelo ilustrado del quehacer político, remplazado por otro más emocional e imaginarizado.

Contra el lugar común, el autor no responsabiliza a los medios de este estado de cosas, sino a la política misma de prestarse a los medios para ser espectacularizada. Es debido a la debilidad intrínseca de la política, de convencer y conmover a las mayorías, para luego construir un consenso, - ya mediático -, entre ciudadanos y políticos basándose en la naturaleza personalista y sentimental, desvinculada de los sistemas de ideas y valores contractuales. Ante la ausencia de alternativas de comunicación de los políticos con los ciudadanos, y la pérdida de profundización ideológica sufrida por la política, ésta busca veddetizarse en los medios para seguir estando presente en el imaginario colectivo. En esta situación de pobreza y poca raigambre popular de la política, esta apela al star system para el recambio de la oferta electoral y a los sondeos de opinión para legitimarse en la opinión pública. Así, concluye el autor, la egocracia de la pospolítica se da la mano con la videocracia de la sociedad de la información.


Resumido su planteamiento introductoria de una mediatización de la política por vía deuna debilidad intrínseca la política misma, resumiré esquemáticamente algunos puntos que hacen de comentario y en algunos de contrapunto.

1. Cerbino piensa la política como un diálogo entre ciudadanos y políticos, diálogo que se valora por el grado de racionalidad contractual que posee, el mismo que permite juzgar y discernir cumplimientos, bases programáticas e ideológicas. Pero sabemos que este diálogo modelo, de origen ilustrado, no se da tan racionalmente, ni en términos exclusivamente contractuales, si alguna vez lo fue. Hoy la (pos) política se conjuga con agenciamientos políticos no necesariamente ciudadanos en el sentido clásico.


2. Si la política se ha empobrecido y deslegitimado a los ojos de los electores, es por razones inscritas al movimiento mismo de radicalización de la modernidad, donde las utopías, los sistemas de representación y el control de los poderes estatales, sindicales y partidistas son desenmascarados como pretensiones de poder sin más, en alianzas al dinero y el control de intereses corporativos. En esta situación, si la política no ha encontrado otros medios de comunicarse, es porque la vía de comunicación social de la modernidad la encarnan precisamente los medios masivos con espectacularización incluida.

3. Cerbino concibe a la política como el campo o escenario de confrontación de intereses y grupos distintos que luchan por establecer niveles de legitimidad y consenso para la toma de decisiones de alcance colectivo. Es decir, como un campo de fuerzas en conflictividad o antagonismo permanente por la hegemonía de la significación que debe establecerse colectivamente. Se puede argumentar que ese mismo terreno de fuerzas se da hoy no por
fuera, sino por dentro de los medios, o mejor dicho al interior de la videoesfera, y no sólo exclusivamente en el terreno de lo puramente político. Este planteamiento sigue prisionero de la división en esferas propias de la primera modernidad (Weber) y no considera que en la segunda modernidad tales esferas se han permeado o han dado lugar a una nueva topología, menos geométrica y mas rizomatica (nudos, hologramas, etc).


4. Diferenciar mediación (uso de la palabra y la argumentación para dar forma a una idea política) de mediatización (función que ejercen los medios) para proponer un trabajo de veeduría crítica a los medios y sus productos y procesos, es un planteamiento saludable. No pensar la política como totalmente mediatizada sino con alternativas
racionales y argumentativas, que reinstauren su ámbito y discurso propios. También nos dice Cerbino que la mediatización sería también válida para los medios mismos, en la medida en que al introducir la reflexividad crítica en sus productos, y operaciones, pueden alejarse del inmediatismo fatuo y comercial, y estimular las condiciones para el ejercicio de lo polémico propio del antagonismo democrático bien entendido. Mi inquietud se dirige en cambio al exclusivismo de la propuesta – de corte habermasiana- que no considera otras intervenciones críticas, no limitadas a la palabra, y que incluso puedan usar la imagen – como el cine y el video – para despertar otras sensibilidades con otros recursos. El arte y los recursos estéticos pueden muy bien ser veedurías de otra naturaleza sobre el comportamiento ciudadano de los medios.

5. Ejemplo de esto podría ser la Internet. No sólo sería una alternativa a los medios tradicionales por ser hipertexto, como bien lo afirma Mauro Cerbino, sino por el acceso directo a las fuentes, la representación directa y no derivada, que pueda relativizar la representación medial. La Internet se está configurando como el nuevo espacio
público, que no es esférico, ni representacional, ni dualista, sino rizomático y de multitudes.

6. Cerbino plantea la necesidad impostergable de crear un tercer polo (políticos, periodistas, veedores) o quinto poder (ejecutivo, legislativo, judicial, periodístico, ciudadanos alfabetizados en medios) que sea capaz de una vigilancia crítica que demande calidad y rendición de cuanta a los medios de comunicación, con una incidencia notable en la agenda de los medios. Una agenda que deje de crear un impresionismo político fascinado, sensacionalista e inmediatista y pase a ser generador de una política participada compleja y reflexiva.

Esto obligaría a los sujetos a relativizar ser meros consumidores de medios a ser ciudadanos mediáticos que intervienen en los mismos procesos de producción mediática.


Consecuencia inmediata: no se puede evadir la responsabilidad de entablar relaciones intersubjetivas, institucionales y políticas con los medios y sus productos. Abrir espacios para la palabra propia en los mismos espacios mediales, y no por fuera, en esferas acrisoladas e impolutas de alguna crítica trascendental, allende a la misma mediatización visual, significa afrontar la responsabilidad de que vivimos un mundo complejo e interconectado telemáticamente, multiperspectivista y heterogéneo.


Lo cual implica el reconocimiento de nuevos actores, que siendo algunos abrumadoramente mediáticos como los jóvenes, sin embargo son portadores de nuevas formas de politicidad emergente, que no se expresan del todo en el campo exclusivo de lo simbólico, ni están completamente imaginarizados.

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