miércoles, 22 de agosto de 2007

Texto de Rafael Obregon

Este tipo de framing no solo plantea el debate en términos de una competencia electoral sino que además busca las razones de tales diferencias en aspectos políticos antes que en temas relacionados con las propuestas de los candidatos. En el análisis que se hace en las páginas interiores (p. 8A) esta tendencia a la interpretación de carácter político se mantiene al discutir aspectos como los votos que «Antanas le suma y le resta a Noemí»; «El peso, en número de votos, que tienen los vicepresidentes, parece ser mínimo con excepción de Antanas Mockus; los endosos de Noemí y Bedoya»; y por último «¿A quién perjudica y favorece electoralmente el pesimismo de los colombianos?» [en referencia a los altos índices de pesimismo que se viven en el país].

El ritmo de competencia se retoma nuevamente en los resultados de la encuesta del 10 de mayo cuando El Tiempo reporta: «Serpa se acerca de nuevo: Puede haber voto finish en primera vuelta. El gobierno sigue siendo el principal lastre para Horacio Serpa. Las propuestas de Pastrana generan división. Se confirma que Mockus suma y resta votos al mismo tiempo a Noemí».

Si bien en el resumen anterior se hace referencia a las propuestas de Pastrana, las cuales no se desglosan en ningún otro aparte del análisis, es claro que predominan el tono y la caracterización del proceso como una competencia, aspecto que se refuerza en la conclusión que se plantea en el análisis de los resultados de la encuesta: «Gana el que cometa menos errores […] Faltando solo tres semanas para las elecciones, dos conclusiones son claras. La primera, que no es descartable una definición de la primera vuelta por voto finish. La segunda, que el ganador de las elecciones del 31 de mayo será quien menos errores cometa de aquí hasta allá».

En otro aparte del análisis se plantea lo siguiente: «Pastrana gana en segunda vuelta: A pesar de que en la primera vuelta se registra un empate técnico, entre los candidatos Pastrana y Serpa en segunda vuelta el candidato de la Gran Alianza por el Cambio ganaría la Presidencia».

Por su parte, El Heraldo* manejó los resultados de las encuestas en forma similar enfatizando la noción de ganadores y perdedores. Por ejemplo, en la presentación de los resultados de algunas encuestas adelantadas en el país, El Heraldo (mayo 25, p. 8A) señala: «Empate técnico entre Pastrana y Serpa. Ganador se definirá en el tramo final de la elección. No se puede anticipar un vencedor».

De nuevo, la información resalta el proceso electoral en términos de ganadores y perdedores y como en una competencia deportiva los candidatos restantes prácticamente desaparecen del espectro de posibilidades, independientemente de las propuestas de cada uno de ellos.

Ya se ha dicho que numerosas investigaciones demuestran los efectos que el framing de la información noticiosa tiene sobre las percepciones del público acerca de temas políticos, sociales y económicos. En el caso colombiano, vale la pena preguntarse entonces qué tipo de implicaciones puede tener este tipo de tratamiento, en cuanto a la presentación de ganadores y perdedores, en la evaluación que la mayoría de los colombianos hace de los candidatos. Se podría especular que la prensa está orientando a la mayoría a decidirse por un ganador o un perdedor en lugar de decidirse por el mejor candidato o el candidato que mejores propuestas de gobierno tiene. Podría argumentarse que en otros frentes de la información el análisis de las propuestas se hace ampliamente, sin embargo en la presentación de los resultados de las encuestas se desvirtúa por completo la importancia de las propuestas de gobierno en la caracterización de la opinión pública nacional.


Encuestas electorales y opinión pública

El segundo nivel de análisis planteado en este trabajo apunta a establecer si efectivamente los resultados que los medios presentan como reflejo de la opinión pública nacional ciertamente corresponden a mediciones que recogen las respuestas de ciudadanos que tienen un nivel de conocimiento similar acerca de la complejidad de algunos de los problemas del país (economía, inversión, desarrollo, etc.).

Las encuestas reportadas en ambos diarios, particularmente en El Tiempo, si bien incluyen la posibilidad de indicar si la preferencia por un candidato se debe a sus propuestas de gobierno, no permiten conocer en ningún momento cuál es el nivel de conocimiento que los participantes en la encuesta tienen acerca de dichas propuestas. En las conclusiones del análisis de la encuesta del 5 de abril El Tiempo dice:

Los colombianos creen que Andrés Pastrana y Horacio Serpa tienen buenas propuestas, que a Noemí Sanín le ha favorecido su alianza con Antanas Mockus y que Harold Bedoya puede cambiar el país. Esto en cuanto a lo positivo…[lo negativo] Pastrana no es bueno, Sanín ha demostrado debilidad y es muy habladora, apoyar a Serpa sería seguir con el gobierno Samper y Bedoya es mejor como militar. A Mockus lo critican por mal educado y grosero y a Valdivieso por su indecisión.


La anterior descripción no apunta a determinar la validez de las propuestas, y la evaluación de los candidatos se hace a partir de juicios de valores que pueden estar determinados por factores distintos a dichas propuestas. Además, en el desglose de estos resultados no se hace referencia en ninguna de las encuestas analizadas a cuánto conocen los colombianos acerca de las propuestas concretas de los candidatos. Simplemente se parte de la presunción que todos los colombianos conocen las propuestas y, tal vez, poseen un nivel de conocimiento similar acerca de cada uno de los temas clave de la campaña y de la realidad nacional.

Este fenómeno se refleja en cierto modo en uno de los apartes de la encuesta del 10 de Mayo en la que se hace referencia a las propuestas de Pastrana. El comentario señala: «Propuestas de Pastrana dividen. El programa de gobierno presentado por el candidato Andrés Pastrana es el principal factor de unión y desunión a la vez ante la opinión. Mientras que un 27% dice que por sus propuestas mejoró su imagen, un 26% señala que desmejora su imagen por sus planteamientos».

El texto anterior detalla algunos resultados adicionales, pero en ningún momento entra a discutir los aspectos concretos de las propuestas que generan tal resultado. En este texto, el término opinión, obviamente se refiere a opinión pública, concepto presentado en diversas formas a través de los informes de prensa: los colombianos, la gente, la opinión, términos utilizados por la prensa para indicar que los resultados de estas encuestas representan la opinión de la mayoría de los colombianos. Si bien podría decirse que es imposible cubrir los distintos aspectos de un proceso electoral a través de una encuesta, entonces sería válido decir que los resultados de las encuestas deben presentarse como un reflejo parcial de la opinión pública y no como la percepción única de los colombianos. De nuevo, cabe preguntarse si este aspecto contribuye a la formación de una opinión pública sólida o por el contrario reduce tal opinión simplemente a la percepción de solo un puñado de colombianos.


Conclusiones

Este trabajo no pretende desvirtuar la importancia de las encuestas de opinión pública y sugerir que ellas son inútiles en el ejercicio democrático. Por el contrario, esta herramienta es uno de los pilares de la construcción de una democracia participativa en la que los ciudadanos tomen la mejor decisión posible a partir de su conocimiento de los problemas del país. Sin embargo, a pesar de las limitaciones de la investigación, el análisis anterior indica que la prensa debe y puede manejar las encuestas de opinión pública de manera más efectiva y de esta forma contribuir más a un proceso democrático sólido. En primera instancia, valdría la pena realizar una revisión más amplia y profunda de cómo se plantean los resultados de las encuestas de opinión pública. ¿Qué implicaciones puede tener la presentación del debate electoral en términos de una competencia en la que solo hay ganadores y perdedores? A manera de hipótesis cabe decir que tal vez el único perdedor es la opinión pública colombiana que súbitamente se encuentra en medio de un ‘torneo’ electoral en el que el análisis profundo de las propuestas de los candidatos se encuentra por fuera de dicha competencia.

En segunda instancia, retomando las diferencias planteadas en términos del papel de la televisión y de la prensa escrita en este proceso, la fusión que los distintos medios han hecho (radio, prensa, televisión), recientemente, para desarrollar encuestas conjuntas sugiere un acercamiento en el tratamiento de los resultados de las encuestas. Habría que revisar entonces si la prensa se ha acercado más a la televisión o viceversa en cuanto a la profundidad y al manejo de los resultados. Como una primera propuesta a partir de este análisis se puede plantear que si bien la literatura sugiere la existencia del efecto framing en otros contextos, es necesario adelantar investigaciones que apunten al establecimiento de tal efecto en la opinión pública nacional y en qué forma dicho tratamiento afecta la manera en la que los colombianos evalúan el proceso electoral y cómo afecta su decisión electoral.

Este análisis también abre interrogantes acerca de la estructuración misma de las encuestas de opinión pública, concretamente con relación al nivel de conocimiento de quienes participan en ellas. El nivel de conocimiento de los participantes en una encuesta de opinión pública puede tener implicaciones significativas en los resultados de la misma, especialmente cuando tal resultado se presenta al resto del país como representativo de la mayoría de los colombianos. Este planteamiento bajo ninguna circunstancia sugiere una absoluta ignorancia ciudadana acerca de los temas más importantes sino por el contrario reconocer que en muchos casos el público tiende a opinar sobre estos temas a partir de ciertos niveles de desinformación muy comunes en una época con altos niveles de manipulación de la información que entregan los políticos.

En este sentido, sería interesante retomar una propuesta de Fishkin (1996) quien plantea la necesidad de llevar a cabo deliberative polling (encuestas deliberativas) para garantizar que las opiniones de los participantes en una encuesta de opinión pública reflejen un conocimiento mínimo de los hechos y un análisis concienzudo de las propuestas de los candidatos con el fin de presentar unos referentes de opinión pública que contribuyan a una evaluación mas objetiva de los candidatos. El proceso de encuestas deliberativas de Fishkin incluye los pasos de una encuesta tradicional, pero a diferencia de estas, antes de tomar las opiniones respectivas los participantes reciben una serie de charlas y seminarios acerca de los distintos problemas que afectan a la comunidad. De esta forma, los resultados de la encuesta indican la decisión de un público que cuenta con los mismos niveles de información y conocimiento sobre la problemática del país o localidad.

La suma de estos dos elementos, la conducción de encuestas de opinión pública con participantes mejor informados acerca de los problemas del país y framing de los resultados de dichas encuestas a partir de la evaluación de las propuestas y no en términos de ganadores y perdedores, podría hacer una mayor contribución al fortalecimiento de los procesos democráticos y a tener como referente un concepto más legítimo de lo que constituye la opinión pública del país. Las agencias especializadas y los medios de comunicación tienen la posibilidad de mejorar este proceso y en poco tiempo tendrán una nueva oportunidad para hacerlo.


BIBILIOGRAFÍA

ALVARADO, Elsa. (1996). «La paz en la espiral del silencio» En: Signo y Pensamiento, Bogotá, No. 29 (segundo semestre de 1996), p. 73-80.

COHEN, Bernard. (1963). The press and foreign policy. Princeton, NJ: Princeton University Press

CONCHA, Álvaro. «¿Quién manipula a quién? Verdad y mentira de las encuestas» En: Diners, Bogotá (s. d.) (1994). p. 10-16.

FISHKIN, James. (1996). The Voice of the People: Public Opinion and Democracy. New Heaven, CT: Yale University Press.

IYENGAR, Shanto. (1994). Is anyone responsible? How television frames political issues. Chicago, IL: University of Chicago Press.

JAMIESON, Kathleen y CAMPBELL, Karlyn. (1997). The Interplay of Influence: News, advertising, politics, and the mass media. Belmont, CA: Wadsworth Publishing.

KATZ, Elihu. «Mass Media & Participatory Democracy». Middle Tennessee Studies in Free Expression and Journalism, v. 1. (1996), p. 1-24.

KENNAMER, J. David. «Public Opinion, the Press, and Public Policy: An Introduction». En: J.D. KENNAMER. (1994). Public Opinion, the Press, and Public Policy, Westport, CT: Praeger Publishers, p. 1-18.

LEMERT, James. «Effective Public Opinion» En: J.D. KENNAMER. (1994). Public Opinion, the Press, and Public Policy, Praeger Publishers, Westport: CT, p. 41-62.

McCOMBS, Maxwell y SHAW, Dennis. «The agenda-setting function of mass media,» En: Public Opinion Quarterly, v. 36 (1972), p. 177-187.

STUCKEY, Mary. (1991). The President as Interpreter-in-Chief. Chatham, NJ: Chatham House Publishers, (s. p.).

TARDE, Gabriel. (1901). «Opinion and Conversation». En: KATZ, Elihu. «Mass Media & Participatory Democracy». Middle Tennessee Studies in Free Expression and Journalism, v. 1. (1996). p. 1-24.

* El Heraldo no contrató ningún tipo de encuesta pero repetidamente informo acerca de los resultados de las distintas encuestas desarrolladas en el país.

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